Silvia Cherem S.

PERIODISTA Y ESCRITORA

silviach@entrevistas.com.mx

Vicepresidenta

Soy terca, curiosa y apasionada. Insumisa. Me gusta levantar la voz contra injusticias y fanatismos, contra el abuso a la mujer y el delirante discurso de quienes se creen dueños de la verdad. El periodismo y la escritura han sido mi privilegio.

Tuve la suerte de ser la primera universitaria en mi familia. Aunque mis papás me estimularon a ser la mejor estudiante, y lo fui, en su mente, por ser mujer, mi carrera era “mmc”, mientras me caso. Mi abuelita Sara, inmigrante de Siria como todos mis antecesores, escondía en el clóset su mayor proeza: su diploma de primer lugar en el Certamen Literario que convocó la fábrica “El Calcetín Eterno” por el día de las madres.

Ella, como mi mamá, se contentaban con aceptar su suerte de sumisión como mujeres judías y mexicanas. Ese era el ambiente, el legado heredado que yo también debía acatar.  Ese absurdo contenido en el Código Civil mexicano de 1884 que siguió vigente durante más de medio siglo dictando que las mujeres casadas eran “imbéciles por razones de su sexo” y que para hacer cualquier transacción comercial ¡requerían permiso de su marido!

Yo me casé en 6º semestre con el hombre con quien aún comparto la vida, me embaracé en 7º, di a luz al terminar 8º y amamanté a mi primogénito en el campus universitario para finalizar 9º y 10º. Desde entonces sabía que no eso no sería un impedimento. Sería esposa y mamá; sí, también profesionista.

Me fui preparando:  crie tres hijos, cursé una maestría y un diplomado, dirigí revistas en las que era mil usos y en 1994, cuando el Reforma nacía, me decidí a entrar a las grandes ligas. La mayoría me disuadía: sin padrino, nadie entra. “Quiero ser periodista”, le dije a René Delgado. “No hay lugar”, respondió.  No me hizo mella: “Seré periodista”.

En diciembre de 1994, acamparon en Paseo de la Reforma cerca de cien pequeños y medianos propietarios que vivían en Ocosingo, Altamirano y Las Margaritas, los municipios invadidos por los zapatistas. Sus predios estaban gobernados por guerrilleros, les arrebataron casa, tierra y cosechas y, en huelga de hambre, exigían al gobierno que aplicara la ley.

Contrario a lo políticamente correcto, porque el subcomandante Marcos despertaba pasiones a granel, incité a los huelguistas a que me contaran cómo, cuándo y con qué métodos se fue armando la guerrilla. En ese momento todo eran rumores en torno a aquellos encapuchados que nos tiraron de la cama cuando soñábamos con el primer mundo. Las conclusiones resultaron devastadoras. Todos los santones del poder estaban involucrados: el presidente Salinas, el Ejército y la Iglesia. Chiapas, en su soledad e injusto abandono, fue caldo de cultivo.

Escribí un texto sin saber si alguien se animaría a publicarlo. René Delgado, quien me había dicho que en Reforma no había lugar, me citó entusiasmado. Ese fin de semana le di a leer el texto a un querido amigo, también periodista. “Con ese texto te van a matar”, sentenció. Titubeé si debía o no publicarlo.

Casi me voy de espaldas cuando René Delgado me dijo que mi reportaje sería la portada del “Enfoque” y que contaría con entrada en la primera plana. Le confesé que nada quería más en el mundo que ser periodista, pero me paralizaba el miedo. El reportaje, me dijo, abre la caja de Pandora. Me dio una semana para pensar si quería o no publicarlo. “Los periodistas –dijo– hacemos nuestro callo con la experiencia. Tú, sin protección, te darás tu primer encontronazo contra la pared”.

Sufrí, lloré, cavilé y me armé de valor. El domingo 13 de noviembre de 1994 cuando se publicó “Chiapas, la otra versión: Lo sabíamos todo”, desde la madrugada esperé el Reforma sentadita en el garaje de mi casa. Al ver mi nombre en letras gigantes, pensé: ahora sí me van a matar.

Ese fue el inicio. De entonces a la fecha he publicado cientos de perfiles, reportajes especiales y crónicas seriadas, entrevistas de largo aliento y reportajes especiales de temáticas nacionales e internacionales de índole cultural, política, científica y social, entre otros en los periódicos Reforma, El Financiero y El Economista, y las revistas Gatopardo, Expansión y la Revista de la Universidad de México.

En 2005 fui acreedora del Premio Nacional de Periodismo. He sido tres veces semifinalista del del Premio Nuevo Periodismo de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano fundada por Gabriel García Márquez; recibí asimismo el Premio Instituto Cultural México Israel y la Medalla Liderazgo Anáhuac en Comunicación.

Soy autora de los libros: Entre la historia y la memoria (2000), Trazos y revelaciones. Entrevistas a diez pintores mexicanos (2004), Una vida por la palabra. Entrevista a Sergio Ramírez (2004), Examen final. La educación en México 2000-2006 (2006), Al grano. Vida y visión de los fundadores de Bimbo (2008), Por la izquierda. Medio siglo de historias en el periodismo mexicano contadas por Granados Chapa (2010), Israel a cuatro voces. Conversaciones con David Grossman, Amos Oz, A.B. Yehoshúa y Etgar Keret (2013), Cien rebanadas de sabiduría empresarial (Planeta 2016) y mi primera novela: Esperanza Iris. Traición a Cielo Abierto (Aguilar 2017).

Soy coautora de Imágenes de un encuentro. La presencia judía en México durante la primera mitad del siglo XX (1992). Mi entrevista a Octavio Paz titulada “Soy otro, soy muchos”, forma parte del tomo 15 de las Obras completas del Nobel de Literatura.