¿Qué pasa con la cercanía y la desglobalización?, reflexiona Bárbara Anderson, a propósito de un foro virtual de WeWork que contó con la participación de Luis Alberto Moreno, presidente (hasta el miércoles) del BID.

En su entrega más reciente para el diario Milenio: El virus, la cercanía y la desglobalización, Anderson sostiene que rescató ambos conceptos de dicha conversación y los tilda de «dos fenómenos que deberían ser los pilares de las políticas económicas y fiscales de México».

«En enero de 2019, McKinsey publicó un estudio sobre ‘La transición de la globalización’ y ahí explicaba que había tres factores que empujaban a una nueva regionalización: el crecimiento de la demanda de China y de los países en desarrollo a consumir más de lo que producen, el crecimiento de las cadenas de producción nacionales y el avance tecnológico. No incluía el mayor acelerador de todo este proceso como ha sido la pandemia, que encerró al mundo y rompió aceitadas y baratas cadenas de proveeduría de un lado al otro del mundo«, menciona en su texto y agrega que ya existía una tendencia entre 2000 y 2012 del comercio entre países de la misma región con caída de de 51 a 49%.

Así, la autora remarca que México cuenta con una solidez destacada en la región para «liderar» un ‘hecho en América’, gracias a que se ostenta como la «economía más industrializada y abierta desde Guatemala hasta Argentina». Sin embargo, dice, al ser el principal socio comercial de EU, en promedio un producto fabricado en México solo suma 27% de componentes mexicanos.

Anderson concluye que México cuenta con la correcta geografía y soporte, con la capacidad y experiencia, por lo que los factores que queda en manos de las autoridades son «atraer inversiones y generar empleo», y será cuestión decisiva si se opta por caminar hacia el mismo rumbo que la iniciativa privada.