Hoy se hace más presente, una idea que en los últimos años ha ido cobrando mayor fuerza: la solución a los problemas relacionados con el agua requiere, cada día más, de soluciones no hidráulicas.

Esto que parece simple, representa en realidad un cambio de paradigma, una nueva etapa en la comprensión y solución de los problemas relacionados con los recursos hídricos.

El hecho mismo de que hoy en día hablemos de recursos hídricos más que de recursos hidráulicos, nos hace ver que estamos incursionando en una forma diferente de ver las cosas, un nuevo enfoque en el que el agua adquiere una dimensión multidisciplinaria, en el que deben de ser asumidos plenamente sus aspectos sociales, políticos, éticos, económicos, culturales y de salud.

Este es un avance de enormes proporciones, sin embargo también representa un reto monumental, porque para comprender a cabalidad la realidad multifacética del agua, y actuar en consecuencia, se requiere de una formidable dotación de inteligencia, sensibilidad, pasión, sentimiento y compromiso. Y aquí, las mujeres tenemos mucho que aportar.

A través de las distintas etapas por las que han atravesado nuestras instituciones, las mujeres han hecho contribuciones importantes aunque modestas en la materia, pues tenemos que reconocer que el sector hidráulico ha sido un sector predominantemente de hombres, en el que las mujeres han jugado hasta hace muy poco tiempo, más un papel de apoyo, que de verdadera propuesta y operación.

Los cambios de paradigmas no significan necesariamente el deprecio o el rechazo a las formas pasadas, pero sí implican formas diferentes de ver las cosas, implican organizarnos mejor, aprovechando el conocimiento de hombres y mujeres en beneficio propio y de las generaciones por venir.

Nuestro presente tiende a ser ya de hombres y mujeres más íntegros y equilibrados, en el que ambos estamos aprendiendo unos de otras, siendo capaces de desarrollar proyectos comunes, construyendo una síntesis de propuestas y acciones a partir de nuestras diferencias.

Delante de nosotros tenemos desafíos hídricos monumentales, como disminuir la demanda más que seguir ampliando la oferta, reducir el desperdicio de agua y la contaminación de nuestros cuerpos de agua, avanzar en el manejo sustentable de los recursos y administrar en forma integrada los recursos hídricos.

Hoy más que nunca se trata de educar, de concientizar, de actuar con sensibilidad, de asumir nuestra responsabilidad individual en la búsqueda de las soluciones no hidráulicas a los muchos problemas relacionados con los recursos hídricos, porque las primeras que sufren la ausencia de agua somos las mujeres, simplemente porque somos las mayores consumidoras de agua, dadas nuestras tareas o roles tradicionales en torno al hogar.

Por otro lado, son también las niñas, las primeras que dejan de ir a la escuela por la falta de higiene provocada por la ausencia de agua o porque tienen que quedarse en casa para ayudar a las labores domésticas, que en muchos casos implica caminar varios kilómetros para acceder a una fuente de agua no necesariamente potable ni segura; son las mujeres las que mayormente pierden la posibilidad de capacitarse, porque son las primeras que dejan de buscar opciones de desarrollo y si se encuentran empleadas, son también las que dejan de acudir a sus espacios de trabajo por la ausencia de agua en sus hogares.

Somos las mujeres, las que por la falta de agua en la casa y por la responsabilidad que implica el no poder realizar los quehaceres domésticos, (aseo, alimentos, lavado de ropa, etc., las que sufrimos la tan cotidiana violencia intrafamiliar. Hoy en tiempos de Covid, la ausencia de agua en nuestras casas, se ha vuelto un tema de salud y supervivencia para todas las familias, en la que la intervención de la mujer es no sólo indispensable sino forzosa y obligada.

También somos las mujeres las que nos exponemos a otro tipo de inseguridad, al tener la necesidad de acarrear el agua desde largas distancias o peor aún, las que debemos esperar al pipero (muchas veces a deshoras) para abastecer nuestro hogar, exponiéndonos con ello a posibles agresiones.

Somos también las mujeres las que dejamos de ir a trabajar y percibir un sueldo, ya que también somos nosotras las que nos quedamos en casa a causa de una inundación, a fin de mantener nuestro hogar libre de infecciones; en síntesis, la ausencia de agua es el factor número uno de la feminización de la pobreza en nuestro país.

Por otra parte, el problema de la escasez del agua tampoco se limita a la posibilidad de contar con mayores recursos y a la necesidad de construir mayor infraestructura, se trata de construir una perspectiva distinta a la tradicional mirada técnica-masculina, donde la inclusión de la experiencia femenina se vuelve fundamental con objeto de plantear soluciones reales a la gestión del agua en México.

Se deben seguir promoviendo acciones de participación social y política donde no sólo se reconozca el derecho humano al agua, sino la participación de la mujer en la gestión del vital líquido. La incorporación de la perspectiva de género en esta materia es un asunto de justicia social.

Históricamente, a pesar de que las mujeres se han ubicado como las principales cuidadoras y abastecedoras del agua, han sido excluidas prácticamente de los modelos de gestión y toma de decisiones, incluso de aquellos que tienen una escala comunitaria. Los factores son múltiples, quizá, el más relevante sea la falta de papeles que comprueben la propiedad sus tierras, por ende son excluidas de los consejos de toma de decisiones.

Finalmente, los mejores proyectos de ingeniería hidráulica deben ser vistos también con ojos de mujer para que sean sustentables, eficientes,  realmente utilizables, pero sobre todo, que coadyuven a una mejor vida de las mujeres

Si bien es cierto que la ingeniería mexicana y, en particular la ingeniería hidráulica ha hecho invaluables aportes al desarrollo del país, reconocidos por todos, incluso en el extranjero, las condiciones actuales y futuras nos hablan de un contexto más demandante, en el que el agua en los distritos de riego, en los acuíferos, en los ríos y lagunas, en las plantas potabilizadoras, en las líneas de conducción deberá ser necesariamente valorada, más limpia, vital, portadora de esperanza y gestadora de una realidad más justa para todos, especialmente para la mujer.

El día en que se entienda que el valor y el cuidado del agua no debe ser sólo una acción de supervivencia (hoy también por Covid), sino de conciencia, estaremos siendo más responsables con nosotros mismos y con el medio ambiente. Hemos querido amoldar a la naturaleza a las necesidades del ser humano, sin embargo hoy ella nos está cobrando con creces su desgaste.

Hoy 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, tomemos conciencia sobre el valor que tiene el agua en nuestras vidas, en nuestras familias, en el desarrollo de México, en nuestra salud, en la posibilidad de poder ir a trabajar y lavarnos las manos para evitar contagiarnos, en…, en…, en….

Al final, no hay agua más cara, que la que no se tiene… valorémosla en su justa dimensión.

Heidi Storsberg.