Durante mi adolescencia tuve un desgaste constante por la presión social, la falta de popularidad, el sexismo, la gordofobia… me tomó muchos años y muchas lágrimas comprender que yo era hermosa, brillante y única; que mi peculiaridad, mi rareza, mi “ñoñez” eran mis cualidades más fuertes.

En el momento que abracé todas mis fallas e imperfecciones, el momento en que aprendí a amarme y a aceptarme, ¡florecí!

En todos estos años he aprendido el valor de compartir conocimiento. Las lecciones más grandes las encontramos en los entornos más inesperados. Lograr entender el mundo que nos rodea es extraordinario. Esa sensación de realmente entender… de “me cayó el veinte” es un deleite que nos une a todas las personas. Es el gozo del conocimiento compartido.

Este día, este mes, este año, esta vida, quiero compartirle a todas esas maravillosas mujeres de todas las edades, de todos los entornos, de todas las culturas, que existe una gran red de mujeres extraordinarias que siempre nos acompaña. Mujeres que creen en nosotras, que están para nosotras y que confían en nosotras. No estamos solas, somos parte de una gran sororidad.

Recuerden todas que sus opiniones importan, sus preguntas importan, su futuro importa, ustedes importan. Queremos escucharlas. Alcanzar un entorno sustentable es uno de los retos más grandes que enfrentamos como humanidad, necesitamos a muchas mujeres en todos los espacios. La diversidad nos hace más fuertes, más brillantes, más capaces. Así que, aquí las esperamos, sean fuertes y orgullosas, sean ustedes mismas, que así, justo así, son perfectas.

Karla Cedano.