Cuando escribí la novela sobre Esperanza Iris, me levantaba de noche colmada de rabia, rogándole a Esperanza que reaccionara, que no se dejara llevar por el discurso tan dañino que ella se creía: que, sin un hombre a su lado, ella, que era una gigante en tantos frentes, no valía nada.

Estaba en mis desvelos y, aunque yo fuera la escritora, aunque tuviera la pluma en mis manos, no podía cambiar su destino ni su tiempo. La historia fue deplorable: dejó que su tercer marido sepultara su trayectoria y su legado, su buen nombre, aquella mañana de 1952 en que él, un Pacotes cualquiera, puso una bomba en un avión de Mexicana de Aviación. La pregunta era muy clara: ¿Por qué una mujer tan grande, tan independiente, tan echada para adelante, una mujer que era capaz de conquistar los auditorios del mundo, se convertía en una niña indefensa en el espacio del hogar?

La respuesta fácil es que fue hija de su tiempo y sí, eso es cierto, esos eran los valores de su época, la narrativa imperante. Pero también a ella le faltó algo muy importante: tener amigas; amigas de verdad, no aduladoras.

La sororidad que hoy vivimos las mujeres no es una utopía. Esa hermandad significa la posibilidad absoluta de una transformación social. Sororidad no es una lealtad inquebrantable a otra mujer, sino levantar la voz juntas, cuestionarnos, denunciar los abusos y la injusticia de género, hacer un pacto apoyándonos mutuamente ante la violencia cotidiana, tendernos la mano en una cancha dispareja, hacer a un lado las diferencias para cuidarnos unas a otras, para servir de role model a nuestras niñas haciéndolas saber que como mujeres todo se puede alcanzar. Como les digo yo a mis nietas: Mujeres unidas. Mujeres fuertes.

Unidas hacemos frente al machismo, a la inequidad. Unidas somos solidarias. Unidas, logramos cambiar la narrativa e incidir en las nuevas masculinidades. Unidas, alcanzamos la paridad de género en todos los ámbitos. Unidas, nos liberamos de ataduras para ser más genuinas, más fuertes, más femeninas, más propositivas, más inteligentes, más solidarias.

Feliz día, queridas hermanas que inspiran y motivan. Feliz día, porque hoy, más que en ningún otro momento de la historia reciente, las mujeres estamos en la primera línea de lucha en todos los frentes mostrando lo que las mujeres somos capaces de alcanzar.

Feliz día, porque en los espacios de toma de decisiones, hemos hecho la diferencia: cuidando, protegiendo, consolando, alimentando, siendo flexibles, siendo pilares.

Feliz día, también, queridas hermanas, líderes de excelencia del International Women´s Forum.

Silvia Cherem,
Presidenta IWF México.