El 8 de marzo del 2020 nada nos detuvo, el miedo no nos paralizó. Las mujeres tomamos los espacios públicos con la esperanza de ser escuchadas en la reivindicación de nuestros derechos a una vida libre de violencia, a la justicia y al respeto de nuestras decisiones. Esa jornada solidaria marcó la pauta en muchos sentidos. En México hicimos historia. Mujeres de distintas generaciones nos reunimos para pintar las calles de morado. Unidas en una sola voz, se escuchaba, «Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente» y «Si tocas a una, respondemos todas» entre otras tantas frases, llenas de dolor y coraje.

Al día siguiente desaparecimos y nos manifestamos a través de un silencio abrumador. “Un día sin mujeres” fue una lección que gritó que nuestras vidas importan y que sin nosotras la sociedad puede paralizarse.

A los pocos días, la pandemia nos encerró, todo fue tan rápido, tan intenso, tan incierto, tan confuso.

Este 2021 debemos luchar por los mismos objetivos. Simbolizan garantía de que no estamos solas y de que nuestro pensamiento tiene repercusión y foro. Hoy, más que nunca, nuestro objetivo es claro: exigir iguales oportunidades. La mujer relegada, lastimada y discriminada pertenece a un pasado al que nunca volveremos.

Los miles de mujeres que marchamos hace un año somos un estímulo para proseguir en nuestro empeño de ser y de hacer en la defensa de ideales. Se requiere de la mano femenina para dibujar el nuevo rostro del mundo.

Silvia Sánchez Alcantara.