Uno de los fenómenos recientes donde se intersectan de manera clara la tecnología, y el género es el surgimiento de chats de mujeres. Como en todo, hay de todo. Están los relacionados con las escuelas, aquellos que se han convertido en la práctica en plataformas alternativas de anuncio, compra y venta de bienes y servicios, y otros más que se enfocan en el debate de políticas y la defensa de causas comunes. No los había contado, pero pertenezco a siete de estos últimos. Mucho se dice en estos foros virtuales, pero poco se habla de ellos. Se trata de herramientas poderosísimas de comunicación, contraste de ideas y puntos de vista y aprendizaje; se convierten en espacios de solidaridad y apoyo donde se genera sentido de pertenencia. En estas plazas virtuales se aportan datos, visiones, análisis, se establecen debates y discusiones apasionadas.

Todos, sin excepción, están permeados por características de las mujeres; por ejemplo, no he visto uno solo de estos chats donde alguien pida ayuda y no sea canalizada con un sinnúmero de opciones y posibilidades para solventar su necesidad; en ellos se habla de varios temas la la vez y las participantes vamos hilvanando respuestas simultáneas, a tiempo y a destiempo de manera “multitask”; son espacios donde por antonomasia se apoya a otras mujeres, donde se le busca trabajo de manera colectiva a una joven promesa, donde se consigue sangre para dar vida, donde se generan consensos y sororidad para enfrentar la vida. Los chats de mujeres son una tendencia digital positiva sobre la cual hoy existe muy poca información y análisis sistematizado. Deberíamos entenderlos mejor desde un punto de vista más amplio, por su sociología e impacto en nuestra sociedad, pero también porque se trata de semilleros de ideas y del pulso político, económico y anímico de más de la mitad de la población y de las mamás de la otra mitad.

Hoy OCHO DE MARZO quiero agradecer la existencia de estos chats de mujeres que han surgido como un espacio para compartir entre pares lo que sentimos, pensamos, deseamos, aspiramos, lo que nos entristece, lo nos frustra y lo que nos genera conciencia y nos eleva. Gracias a las millones de mujeres mexicanas que forman parte de un chat para compartir, sentirse escuchadas, acompañadas y empoderadas. De eso, en mucho, se trata la lucha feminista, de buscar espacios de interacción colectiva para el logro de nuestras metas últimas: igualdad sustantiva y pleno acceso a derechos y oportunidades.

Vanessa Rubio.