El pasado 18 de septiembre, el deceso de la jueza Ruth Bader Ginsburg, progresista incondicional de la Corte Suprema de Estados Unidos e icono jurista de la lucha por los derechos de las mujeres, vistió de luto a los actores políticos y sociales más importante de Estados Unidos y el mundo.

Así, en su columna más reciente para el diario Reforma, Guadalupe Loaeza, escritora y socia IWF México, dedica una amplia reflexión en torno a la pérdida que representa el fallecimiento de Bader Ginsburg, con 87 años, frente al panorama electoral que se vive en nuestro vecino del norte.

Bajo el título: No debió morir, Loaeza retoma dos consejos dados a una joven Ruth de 17 años, por su madre, y menciona que haciendo honor a esas palabras, rigió su vida «sin dejarse dominar por las emociones», y sin «renunciar» a su autonomía.

Ruth Bader Ginsburg, de nacimiento Joan Ruth Bader, fue la segunda mujer para servir en la Corte Suprema, era la menor de los dos hijos de Nathan Bader y Celia Bader. Formó parte del equipo editorial de Harvard Law Review, siendo la primera mujer en hacerlo, y completó su educación legal en Columbia Law School, sirviendo en la revisión de leyes y graduándose en un empate por el primer lugar en su clase en 1959.

En 1980, el presidente demócrata de los Estados Unidos Jimmy Carter nombró a Ginsburg para la Corte de Apelaciones de los Estados Unidos para el Circuito del Distrito de Columbia en Washington, D.C., y 13 años después, el presidente Bill Clinton, también demócrata, anunció su nominación a la Corte Suprema.