¿Cuáles son los beneficios que las grandes tecnológicas obtienen por el dominio de la comunicación y de ingeniería del consentimiento? La interrogante es abordada por Ingrid Motta en su participación más reciente en etcétera, donde detalla a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) como «recursos tecnológicos integrados entre sí que resultan en herramientas de hardware y software y que, unidas a las telecomunicaciones, interfieren en los procesos de comunicación e información de las personas y sus diversos dispositivos». 

En tanto, señala la directora general de BrainGame Central, las redes sociales y las plataformas digitales forman un sistemas de información que influye en los mensajes que reciben sus usuarios, y se «autorrelacionan en un modelo de comunicación social en el que convivimos, nos asociamos, luchamos, colaboramos, competimos, construimos y destruimos».

«Les ha permitido desarrollar modelos de la economía de los datos que, mediante algoritmos que observan y analizan el comportamiento humano como sus usos y hábitos de consumo, crean sistemas para ofrecerle información, tendencias políticas a modo, servicios, productos, juegos, entretenimiento y todo lo necesario para que sienta que es el dueño de la verdad y que entiende el mundo como nadie«, concluye en torno a la primera interrogante.

Además, en El capitalismo de la vigilancia añade que el «gran atractivo» de las redes sociales se ve reflejado en una adicción psicológica, aprovechada para la obtención de información personal con la que se logran descubrir patrones de conducta. Así, se logra la manipulción.

«La tecnología avanza mucho más rápido que su regulación para defender la propiedad intelectual, la libertad de información y la competencia. Las grandes tecnológicas tienen la obligación de asegurar su impacto positivo en la sociedad», finaliza Motta.